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01 · dic · 2014

Sida: lo que hay que saber sobre la enfermedad

Cada 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. En esta nota, te contamos todo lo que necesitás saber sobre esta enfermedad, incluyendo sus síntomas, factores de riesgo, diagnóstico y tratamiento.

Sida: lo que hay que saber sobre la enfermedad

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de vigilancia y defensa contra las infecciones y algunos tipos de cáncer. A medida que el virus destruye las células inmunitarias y altera su función, la persona infectada se va volviendo inmunodeficiente.

La inmunodeficiencia entraña una mayor sensibilidad a muy diversas infecciones y enfermedades que las personas con un sistema inmunitario saludable pueden combatir. La fase más avanzada de la infección por el VIH se conoce como síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida y puede tardar entre 2 y 15 años en manifestarse, dependiendo de cada persona El sida se define por la aparición de ciertos tipos de cáncer, infecciones u otras manifestaciones clínicas graves.

Signos y síntomas

Los síntomas de la infección por el VIH varían en función del estadio en que se encuentre. Aunque en la mayoría de los casos el pico de infectividad se alcanza en los primeros meses, muchas veces el sujeto ignora que es portador hasta que alcanza fases más avanzadas. En las primeras semanas que siguen al contagio, las personas a veces no manifiestan ningún síntoma, y otras presentan una afección de tipo gripal, con fiebre, cefalea, erupción o dolor de garganta.

A medida que la infección va debilitando su sistema inmunitario, la persona puede presentar otros signos y síntomas, como inflamación de los ganglios linfáticos, pérdida de peso, fiebre, diarrea y tos. En ausencia de tratamiento podrían aparecer también enfermedades infecciosas graves, como tuberculosis y meningitis por gérmenes, que no son habituales en el individuo sano o diversos tipos de cáncer, como por ejemplo, linfomas o sarcoma de Kaposi, entre otros.

Transmisión

El VIH se puede transmitir por el contacto con diversos líquidos corporales de personas infectadas, como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales. No es posible contagiarse a resultas de contactos de tipo corriente y cotidiano como puedan ser los besos, abrazos o apretones de manos o por el hecho de compartir objetos personales, alimentos o bebidas.

Factores de riesgo

Hay ciertos comportamientos y afecciones que incrementan el riesgo de que una persona contraiga el VIH, entre ellos:

- mantener relaciones sexuales sin protección;

- padecer alguna otra infección de transmisión sexual como sífilis, herpes, clamidiasis, gonorrea o vaginosis bacteriana;

- recibir inyecciones o transfusiones sanguíneas sin garantías de seguridad o ser objeto de procedimientos médicos que impliquen corte o perforación con instrumental no esterilizado;

- pincharse accidentalmente con una aguja infectada, lesión que afecta en particular al personal sanitario.

Diagnóstico

Las pruebas de detección del VIH revelan si hay infección por la presencia o ausencia en la sangre de anticuerpos contra el virus. El sistema inmunitario genera anticuerpos para luchar contra agentes patógenos externos. La mayoría de las personas pasan por un "periodo silente", generalmente de entre tres y seis semanas, durante el cual los anticuerpos contra el virus se están fabricando y aún no son detectables. Esta primera etapa es el momento de mayor infectividad, aunque la transmisión puede producirse en todos los estadios de la infección. En caso de posible exposición, conviene confirmar los resultados de la prueba de detección repitiéndola al cabo de seis semanas, esto es, una vez transcurrido el tiempo suficiente para que las personas infectadas generen anticuerpos.

Tratamiento

El VIH se puede combatir mediante combinación de tres o más fármacos contra el virus (antrirretrovirales). Aunque no cura la infección por VIH, este tipo de tratamiento controla la replicación del virus dentro del organismo de la persona infectada y contribuye a fortalecer su sistema inmunitario, restableciendo así su capacidad para combatir infecciones. El tratamiento antirretrovírico permite a los individuos afectados por el VIH llevar una vida sana y productiva.

Desde que se descubrió el primer caso de HIV, mucho ha cambiado. En aquel momento se presentó en el mundo una de las epidemias más amenazantes, sin tratamiento, y el solo hecho de mencionarla provocaba terror porque era sinónimo de muerte. Las personas no deseaban conocer si estaban infectadas.
A años del descubrimiento del virus HIV/SIDA, esa enfermedad uniformemente mortal se ha trasformado, gracias a los avances científicos, en una infección crónica tratable con la ayuda del tratamiento retroviral de alta eficacia.

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